Hoy, 24 de Septiembre, Día de Nuestra Señora de la Merced, caminamos juntos como familia que acoge y libera.
En este día tan especial, el corazón de nuestra comunidad se llena de fiesta y gozo para celebrar a nuestra Madre de la Merced. Ella es la guía constante en nuestros pasos y la compañera fiel que nos sostiene en el día a día.
La devoción a la Virgen de la Merced no es solo un recuerdo del pasado, sino un llamado vivo e impulsador para el presente. Mirar a María nos invita a preguntarnos cómo estamos viviendo nuestra fe e interiorizar tres compromisos fundamentales para nuestra vida parroquial:
Caminar juntos: La fe no se vive en el aislamiento. María nos enseña que somos una verdadera familia mercedaria, llamada a cuidarse mutuamente y a fortalecer los lazos de fraternidad
Ser comunidad que libera y acoge: Fieles al carisma mercedario, estamos llamados a tender la mano, romper las cadenas de la soledad, el desánimo o la indiferencia, y ser un refugio caluroso para quien busca consuelo.
Compartir la esperanza: Salir al encuentro de quienes más lo necesitan, estando cerca de los que sufren y llevando la luz del Evangelio a cada rincón de nuestro barrio.
Al elevar hoy nuestra oración y nuestro corazón a Nuestra Señora de la Merced, le pedimos que su mirada serena nos siga transformando por dentro. Que ella sea siempre el modelo donde aprender a amar, servir y acompañar.
¡Viva Nuestra Señora de la Merced!
¡Viva nuestra familia mercedaria!
Que María de la Merced nos siga guiando y bendiciendo siempre.
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